ANTIÁCIDOS

Las palabras “ardor”, “acidez” o “pirosis” hacen referencia a una sensación dolorosa que se presenta principalmente en el esófago, localizada en la zona alta del abdomen y en el tórax detrás del esternón o en la parte superior del epigastrio y que, a veces, difunde hacia cuello y garganta.

Tras ingerir los alimentos, el esfínter esofágico inferior se cierra. Si este músculo no logra cerrarse bien, el contenido del estómago puede ser devuelto al esófago, lo que se denomina reflujo.

La pared de éste no está protegida como la del estómago para resistir la acción del ácido, por lo que este material parcialmente digerido, irrita el esófago causando acidez y otros síntomas.

Los problemas de pirosis suelen aparecer o agravarse después de comer, al hacer ejercicio o por la noches. Mejora al incorporarnos, al tragar saliva o tomando agua, pero sobre todo, con la toma de antiácidos.

También hay comidas y sustancias que agravan las molestias, unas porque hacen que la digestión se ralentice, otras por no permitir el buen funcionamiento del esfínter esofágico, y finalmente las hay que pueden irritar directamente la mucosa.

El embarazo aumenta la posibilidad de sufrir pirosis porque en este período sube la progesterona y ésto hace que se relaje la musculatura lisa y, por tanto, el esfínter del esófago. Además el bebé presiona el estómago conforme va creciendo, dificultando el vaciado gástrico y las digestiones.

Es difícil conocer la prevalencia real de pirosis ya que si es un problema puntual no tiene importancia y cura fácil con fármacos de indicación farmacéutica, por lo que no se suele solicitar atención médica, aunque se estima que un 40% de las personas adultas experimentan pirosis al menos una vez al mes y muchas de ellas una vez por semana.

Pero si esta se presenta con frecuencia, dos o más veces por semana, si produce sangrado o pérdida de peso y se debería derivar al médico ya que puede tratarse de un problema más grave conocido como enfermedad de reflujo gastroesofágico o ERGE.

Causas más comunes de pirosis.

La acidez puede ser consecuencia de determinados factores. Los más comunes son:

  • Alteraciones anatómicas que causen que no funcione bien el esfínter esofágico, como en el caso de las hernias de hiato.
  • Algunas enfermedades que afectan a la musculatura.
  • Embarazo.
  • Comidas copiosas y ciertos alimentos (fritos, chocolate, café, té, cebolla, condimentos fuertes, grasas…).
  • La obesidad que provoca un aumento de la presión abdominal.
  • El estrés y la ansiedad.
  • El tabaquismo, por disminuir la salivación, dando lugar a una menor concentración de bicarbonato en el bolo alimenticio, lo que produce menor capacidad para neutralizar el ácido.

Una pirosis crónica con reflujo no tratada adecuadamente puede terminar produciendo una estenosis péptica. Ésta aparece como consecuencia del daño crónico producido por el ácido y las cicatrices que se forman en la parte inferior del esófago. Así mismo puede ocasionar esófago de Barret y cáncer de esófago.

Mejores antiacidos

Tratamiento farmacológico para la acidez.

Los tratamientos farmacológicos más comunes para la acidez son:

Antiácidos.

Los fármacos más usados para tratar la pirosis son los antiácidos. Son muy efectivos en tratamientos a corto plazo para patologías leves o moderadas.

Tienen como finalidad neutralizar el exceso de ácido clorhídrico segregado por el estómago y aumentar la presión del esfínter esofágico inferior debido a una mayor secreción de gastrina.

El pH del estómago debe estar comprendido entre 3,5 y 4 para hacer bien la digestión. Si aumenta el pH aparece la sensación de pesadez de estómago. Los antiácidos se encargan de mantener ese pH.

Tipos de antiácidos.

Según sus características de solubilidad los clasificamos en:

  • Sistémicos: Buena absorción gastrointestinal, pasan a sangre y se eliminan por el riñón. La sal producida en la neutralización
    es absorbida. Puede haber efecto rebote. Presentan una acción rápida y poco duradera. Se componen de sales de sodio (bicarbonato sódico).
  • No sistémicos: No se absorben y presentan mecanismo de eliminación fecal. La sal producida en la neutralización no es absorbida. No suele
    haber efecto rebote. Acción lenta y duradera. Se componen de sales e hidróxidos de magnesio, aluminio y calcio.

Los antiácidos más utilizados y sus efectos secundarios más comunes son:

Antiácidos sistémicos:

  • Bicarbonato sódico 500 mg/día. No indicado en hipertensos. Puede presentar efecto rebote y alcalosis.

Antiácidos no sistémicos:

  • Algeldrato 450 mg/día. No indicado con diarrea o dolor abdominal. Puede provocar estreñimiento e hipofosfatemia. No debe tomarse durante más de 2 semanas.
  • Hidróxido de magnesio 2,4 g/día. No indicado en casos de dolor abdominal, insuficiencia renal y obstrucción intestinal. Puede provocar diarrea y sequedad de boca.
  • Almagato 500-1500 mg/día. No indicado en casos de diarrea, dolor abdominal y obstrucción intestinal. Puede causar hipofosfatemia e hipermagnesemia. No debe tomarse durante más de 8 semanas seguidas.

Antiulcerosos.

Se trata de fármacos que inhiben la secreción ácida en el estómago. Sus efectos suelen ser intensos y duraderos, aunque hay veces que los pacientes tienen que volver a realizar el tratamiento pasado un tiempo.

Los antiulcerosos más utilizados son:

Antihistamínicos H2.

Aquí incluimos a famotidina y ranitidina.

Son fármacos que bloquean reversiblemente los receptores H2 de las células parietales gástricas, compitiendo con la histamina y disminuyendo la secreción ácida.

No afectan al vaciado gástrico y protegen la mucosa estomacal de agresiones externas como café, picante, ciertos fármacos…

Presentan pocas contraindicaciones.

Además de los casos de hipersensibilidad, sólo está contraindicado el uso de ranitidina en pacientes con porfiria. Son bastante seguros para su uso durante el embarazo (categoría B) y la famotidina se considera compatible con la lactancia, siempre bajo supervisión del ginecólogo.

Inhibidores de la bomba de protones (IBP).

Aquí incluimos a esomeprazol, lansoprazol, omeprazol, pantoprazol y rabeprazol.

Son muy efectivos para el tratamiento de la enfermedad por reflujo gastroesofágico. Inhiben la bomba de protones de la célula parietal gástrica, impidiendo así la producción de ácido gástrico.

Además su efecto es sostenido en el tiempo, pudiendo durar hasta cuatro días después de una toma ya que la célula parietal solo vuelve a tener actividad secretora sintetizando nuevas moléculas.

Generalmente no tienen efectos secundarios graves aunque a veces pueden provocar estreñimiento, diarrea, flatulencia, nauseas.

Últimamente se está asociando el abuso de estos inhibidores con problemas en la absorción de calcio, hierro, vitamina b12 y un aumento del riesgo de fracturas óseas, especialmente de cadera.